El tiempo no cura nada.

Cuatro indicadores de que aún tienes asuntos sin resolver.

Muchas veces hemos escuchado la famosa frase “el tiempo lo cura todo”, es una frase tan
popular que seguramente la conocemos desde las generaciones más grandes hasta las
más jóvenes, pero, ¿en verdad el tiempo lo curará todo? o será que ¿empeora todo?

Es parte del ser humano vivir cosas difíciles en la vida, problemas familiares, abusos físicos,
emocionales o sexuales, luchas internas, o simplemente circunstancias externas, crisis
económicas, enfermedades; pero, ¿cómo lidiamos con todo eso?

Es muy común que cuando pasamos por alguna situación complicada nos traguemos todo y
queramos simplemente esperar a que todo ese dolor y sufrimiento que sentimos pase por sí
solo y que un día todo vuelva a ser normal, sin embargo, eso no sucede.
La realidad es que necesitamos lidiar con todas esas heridas que hemos sufrido, quizá
desde que éramos niños, porque el tiempo no cura nada, y al contrario, en lugar de
simplemente desaparecer el dolor, estas situaciones crean en nosotros hábitos y patrones
dañinos (trastornos alimenticios, relaciones tóxicas, comportamientos compulsivos,
búsqueda equivocada de amor y sexo) que afectan nuestra vida adulta.

Si en tu vida puedes identificar alguno de estos cuatro indicadores (hay más), es probable
que haya situaciones de tu pasado que necesites resolver.

1. Emociones calladas
Todos tenemos emociones, son naturales y válidas, de hecho, muchos autores han
resaltado tanto su función social como su función adaptativa, es decir, que preparan
nuestro organismo para reaccionar a las condiciones ambientales y estas emociones
nos llevan a actuar de cierta manera, que puede ser, proteger, rechazar, explorar,
incluso destruir.

Por ejemplo, si algo nos causa una agradable sorpresa, exploramos; pero si algo
nos causa miedo, nos protegemos o protegemos a otras personas.
Sin embargo, si cuando éramos pequeños, la gente a nuestro alrededor nos decía
que no lloráramos, que eso era para débiles, o simplemente que nos calláramos, es
probable que desde entonces, muchos hayan procurado no mostrar lo que sienten, y
ahora siendo adultos, tengan dificultad para identificar sus emociones y es
justamente esa incapacidad de expresar lo que sentimos lo que contribuye a la
soledad, a los estados depresivos y a dificultades en las relaciones interpersonales.

2. Emociones fuera de control
Por otro lado están estas emociones que no es que hayan sido enterradas o
escondidas, sino que ya no eres tú quien las controla, sino que son ellas las que te
controlan a ti. Es válido reaccionar y sentir ciertas emociones ante situaciones
injustas, como el enojo; sentir tristeza ante una decepción; o sentir miedo antes una
amenaza, sin embargo, cuando estas emociones no se tratan, pueden pasar de ser
algo normal a algo patológico, donde ya encontramos la depresión, trastornos de
ansiedad o de ira que afectan la calidad vida y la relaciones interpersonales.

Poder entender por qué, cuándo y dónde está la raíz de estas emociones es un paso
fundamental para poder alcanzar una sanidad interior.

3. Perfeccionismo
Es este sentimiento de nunca ser suficiente, de no estar a la altura, buscando
siempre la aprobación de todos, de Dios, de uno mismo, siendo hipersensible a las
opiniones de los demás. Este sentimiento distorsiona o falsifica la idea de
perfección. Tienes la idea de que todo lo que haces, pudiste haberlo hecho mejor y
nunca estás satisfecho contigo mismo. Eres legalista, juzgas y criticas a los que te
rodean. Llegas incluso a pensar que el amor de Dios está condicionado por qué tan
bien haces las cosas.

El perfeccionismo no aparece de un día al otro en tu vida, tampoco naciste
perfeccionista, fue un proceso donde tal vez hubo padres inconformes, situaciones
impredecibles en tu hogar, rechazo o desaprobación.

4. Culpa
Tal vez no es la dificultad para expresar o controlar emociones, ni el perfeccionismo,
pero siempre estás tratando de disculparte por errores que no son tuyos o tomas la
responsabilidad de todo, estos son síntomas de culpa. Muchas veces en las familias
se culpan a otros por los errores que alguien más cometió, por ejemplo, los papás
culpando a los hijos por cualquier problema, y como niños, es muy común que
realmente nos creamos culpables por lo que pasó, a esto se le conoce como culpa
falsa.

También existe la culpa verdadera, la cual viene como consecuencia de malas
decisiones que sí tomamos, donde sí tenemos una verdadera responsabilidad.

Recuerdas que comenzamos preguntándonos si ¿realmente el tiempo cura todo?,
La respuesta es no. El no resolver situaciones que vivimos en nuestra infancia y el esperar a
que simplemente desaparezcan con el tiempo, no es la solución. El tiempo no cura nada,
pero Dios puede ayudarte a sanar todo eso que has guardado y enterrado durante tanto
tiempo. ¡Jesús quiere que vivamos una vida en abundancia!, no quiere que simplemente
sobrevivamos a nuestro día a día con relaciones disfuncionales y emociones dañadas.

Jesús no es indiferente a todas las heridas y dolor que sentimos, todo lo contrario, él mismo
experimentó el sufrimiento y es por eso que nos entiende. Dios está cercano a nosotros y
en su amor y gracia es donde podemos encontrar el alivio y la cura a todo esto que hemos
estado cargando por años.

En Ya Basta contamos con Oasis, una herramienta que te ayudará a resolver y dar una
mirada honesta a todos estos asuntos dolorosos en tu vida para que puedas disfrutar de la
vida plena que Dios quiere para ti. La sanidad interior está únicamente en manos del
Espíritu Santo.

Jessica Rodríguez, Equipo Ya Basta.

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